En un mundo donde el agua es uno de lo bienes más preciados, el hombre rizó el rizo y comenzó a comercializar aguas Premium para un público sibarita y exclusivo. Después de unos años en el mercado, analizamos como ha perdurado en el tiempo una moda que, como otras, nos vino de fuera.
Por María Forcada y Alexandra Sumasi
Es indudable que el agua es un
bien de auténtico lujo. No ya por las aguas Premium sino por cualquier agua
potable que el ser humano pueda llevarse a la boca. A pesar de que el agua
cubre más del 70% de nuestro planeta y es parte constituyente de todos los
organismos vivos, en su versión potable es un bien escaso o muy difícil de
conseguir. Aún con estas características, hace unos años se pusieron de moda
las aguas Premium, unas aguas de híper lujo cuyo precio hacía sonrojar a más de
uno. Muchos restaurantes y tiendas delicatessen se sumaron a la moda de tener en sus
cartas y en sus lineales esas botellas de increíble diseño que se atinaban a
ver entre las manos de muchas celebrities. La variedad de aguas que podían llegar a ofrecer
muchos establecimientos empezó a resultar
apabullante y, encima,
teníamos que elegir bien, con seguridad, como si lo hiciéramos todos los días
para no quedar como palurdos ante un servicio que no nos quitaba ojo mientras
seleccionábamos la “mejor” opción. Pero,
esta moda, ¿ha perdurado?
¿Restaurantes
rendidos a sus pies?
Llegadas
desde Noruega, Japón, Inglaterra… Las diferentes aguas Premium venían, vienen, envasadas en botellas de lujo
para lucir en nuestras mesas vestidas con sus mejores galas. Desde la Bezoya de toda la vida,
desde hace un tiempo en
cristal oscuro y forma octogonal, hasta la exclusiva Bling H2O, la única agua
que, al parecer, bebe Paris Hilton: todas ellas parecen competir en un mundo de
glamour disfrazado de salud. ¿O será al revés?
Aunque
la fiebre por las cartas de agua haya pasado un poco de moda, parece ser que
parte de la demanda continúa como lo demuestran las novísimas Magma de
Cabreiroa y Diuco –directamente de la
Patagonia- con
su reciente incorporación al mercado, moviéndose, quizás, preferentemente en
tiendas delicatessen.
En
restaurantes antaño adeptos a este líquido vital como Europa Decó, en el Hotel Urban de Madrid, la oferta ha perdido
fuelle. Su director de Alimentación y Bebidas, Francisco Patón, hace un tiempo
nos contaba que tenían en torno a 10
tipos de agua; siempre buscando un diseño que, además, correspondiera a una
buena calidad. Ahora, aunque sigue teniendo todavía una buena muestra de aguas,
su anotación es otra: ‘La
demanda ha caído en picado y en todo caso el agua que siempre hay que tener,
además de un buen agua mineral, es Vichy Catalán, que es muy demandada por una
parte del público. Un agua de toda la vida’.
Restaurantes
con firma de chef de primera línea como el Bistró
de Madrigal continúan teniendo por escrito su carta de aguas aunque como
nos comenta personalmente Andrés Madrigal, ‘Ciertamente,
esto no es de lo más demandado’.
En Barcelona, el japonés Icho también dispone de carta de aguas
con la friolera de 24 referencias en un empeño por recorrer cuatro continentes.
En la carta indican la procedencia, las propiedades de cada una de las aguas y
los premios o reconocimientos que han tenido.
En Un Lugar, restaurante especializado en trabajar los mejores
productos de la tierra y del mar de Navarra, La
Rioja y
País Vasco, donde mezclan la tradición con toques de cocina moderna, también
continúan ofreciendo una completa carta de aguas con varias referencias
españolas y otras llegadas desde Noruega (Voss); Argentina (Lauquen); Holanda
(Ogo) o Inglaterra (Hildon). Además de indicar su procedencia recomiendan tomar
cada una de ellas en función de la dolencia que pueda padecer el comensal.
Hasta hace un tiempo, en Arola disponían de una amplia carta de
aguas pero, según nos cuenta Sara Fort, maitre y
parte implicada en el negocio, ‘ahora
trabajamos en un plano más ecológico y hemos optado por usar una maquina que
nos depura el agua del grifo’.
También hay restaurantes que
desde siempre se han negado a seguir esta moda, como nos comentaba
recientemente el chef Julio Fernández Quintero, del sevillano Abantal: ‘No creo que haya
suficiente demanda para tener una carta de agua, al fin y al cabo, el agua es
incolora, inodora e insípida’. El tocado por la varita Michelin sólo se
permite una excepción: ‘Eso
sí, para la gente que le gusta el agua con gas hay que tener alguna clásica
como la italiana San Pellegrino’, matizaba.
Una pequeña muestra
Voss:
procedente de los acuíferos de los fiordos de Noruega es el agua natural sin
filtrar más pura del mundo. Con una botella diseñada por el director creativo
de Calvin Clein, la noruega Voss es una de las aguas Premium que más ha
penetrado en el mercado.
Finé: esta agua
artesiana natural es única por su composición mineral. Extraída de un acuífero
ubicado a 600
metros por
debajo del cinturón volcánico Fuji, en Japón, está recomendada, cómo no, para
maridar con platos de alta cocina asiática.
Bling H2O: En las montañas de Tenesse, a más de 800
metros de
profundidad, se extrae este agua más conocida por su lujoso envase engalanado
con cristales de Swarosvski que por sus propiedades, que las tiene, gracias a
su único proceso de 9 pasos de purificación.
Diuco:
Fiel reflejo del deshielo patagónico, la novísima Diuco se recoge, de forma
100% artesanal, en un
paraje sin impacto urbano en 250
kilómetros a
la redonda.
“Fiji
Water, procedente de estas islas del Pacífico. Se hizo famosa por ser la
favorita de estrellas de Hollywood como Brad Pitt, Tom Cruise, Halle Berry,
Jennifer Aniston o Cameron Díaz”.
Chateldon:
embotellada desde 1650 es
conocida como "la Rolls Royce de las aguas", y cuenta con
incondicionales como Catherine Deneuve.
Magma de Cabreiroa:
Clasificada como agua de aguja, es la última apuesta de la firma gallega
Cabreiroa para maridar con alta gastronomía ya que su combinación de gas
natural y bicarbonato estimulan las papilas gustativas y el sentido del gusto.
Vichy Catalán: Todo un clásico en la mesa, este agua destaca por su
genuino sabor y su indiscutibles propiedades minero-medicinales. Desde hace
años goza de un merecido prestigio de una amplia mayoría de consumidores de
agua con gas.
San Pellegrino: Venida desde la vecina Italia, esta agua con gas emerge de un manantial a los pies de los Alpes, y es mineralizada por el contacto con
las rocas.


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